De la muerte del Alma

Aion von Auror

La crisis que creemos propia de nuestra edad contemporánea no es algo único del presente, se cierne un manto de desconcierto pesimista y trágico ante la eventualidad, se observa una rigidez en los matices personales que forman el conjunto de un telar llamado pueblo, cierta disociación en el andar ante un frente cada vez más técnico y el ser avanza no sobre sabiduría, tradiciones y filosofías que ya parecen extintas, sino hacia un concepto idealizado de sí mismo y de lo que se espera de su funcionamiento. Los valores antiguos parecen caducados, demasiado innecesarios para el ornamento del cumplir, la filosofía conocimiento para un grupo selecto, olvidando la belleza de la mesura y la sabiduría propia de la vida.  ¿Qué no es el ser en este momento una cáscara o una máscara? Un disfraz de exquisita armonía para con la exigencia de la formalidad social más descarnada, porque el ser es un engranaje, hecho un Dios de maquinarias donde el fallar no es solo sinónimo de fracaso y ruptura, pasa a ser marginado por la belleza de su individualidad que al igual que cada estrella del universo otorga una cualidad propia.  No se vaya a ser distinto dentro del gran edificio que convoca la sociedad y mucho cuidado con fallar, que él decir “No” ante la globalización es más terrible que la muerte.

Tan temible es la identidad dentro de la industria en que se convirtió la tierra, donde los procesos propios del alma han sido digitalizados al reducirla en algoritmos, lo abstracto y complejo del sentimiento a una sola palabra y gesto de aprobación. La noción de la estética restringida a una jaula inmaterial de tediosa burocracia y fotografías de momentos perfectos, hasta que se forma una caricatura de uno mismo y la vanidad fluye, no para un bien de ahondar en la esencia de las cosas, sino en el enaltecimiento de la máscara ante el resto, si cada vez se debe ser más rápido, en teoría buscando la médula y quinta esencia de los elementos en lo inmediato, de ahí nada se sirve de lo simbólico concluyendo que son rituales adornados de la realidad, quitando el sentido existencial sin llegar al corazón del conocer y asombrarse, sin ver en ello el camino para acercarse a la fuente. 

La Introducción es hacia el pensar y la reflexión contemplativa sobre cómo se ha generado en nuestro país una reducción de los conceptos históricos y trascendentales, cuya evolución y desarraigo lleva años mutando, teniendo como resultado una disociación con la realidad en la que vivimos y la sensación del presente, el pasado y el futuro. Se nos olvida el universo de una tradición, arte, símbolos y espiritualidad profunda que lleva decenas de años gestándose en nuestras tierras y que han sido fruto de evoluciones y mixturas de distintos elementos, construyéndose en la unión de lo cósico y asimismo lo trascendente, se nos ciega los ojos ante lo infinito, hacia el alma. En el estado actual nos vemos convertidos en una imagen caricaturizada de sí mismos. Si pensamos en nuestra tradición campesina propia de las regiones y de los extremos más alejados de la capital, solo pensamos en palabras desarraigadas, por ejemplo un campo y árboles, no tomando en consideración las generaciones antiguas y la realidad que la conformaba, sin tomar su raíz de belleza y su estética propia, si tan solo se señala que esa palabra campo trae consigo un sinfín de imágenes y una exquisita tradición de música, cultura, símbolos, metafísica y arte.

Comprender lo que es la nación y el pueblo nos lleva a evaluar la historia de nuestro país como primer paso, viéndola no solamente en ciertos periodos sino como su totalidad. Como el producto de diversos antecedentes y sus causas originados no solamente a fines del siglo XX, sin considerar los hechos y los personajes. Lamentablemente la reflexión histórica ha sido un ejercicio dejado de la lado, el ejercicio de la reflexión se ha polarizado y solamente se busca en el otro por un método crítico, sin llegar a ningún acuerdo y sin ver en lo distinto un matiz complementario que lleve a la mayor profundidad de aprender de lo diferente como un espejo de la evolución de sí mismo. Conocer la tradición nos lleva en ese cauce, el conocerse primero a uno mismo, en este caso conocernos a nosotros mismos como el resultado de diferentes individualidades que conforman un propio individuo, la propia globalización nos reduce en ese uno no complementario, sino impuesto y ajeno, no destacando las características propias de cada pueblo, en reconocimiento a su historia, sino tomando sus elementos estéticos y reduciéndolos a una postal, a un plato de comida, a una música determinada, sin ver su contexto histórico y la vida de quienes ayudaron a generar esos mismos conceptos y su cosmovisión.

Invitamos en este trabajo a generar la reflexión y la introspección de lo que somos como país. En tiempos en que la tradición ancestral ha sido puesta en duda y marginada del pensamiento real, hombres y mujeres han dedicado su vida a ser quienes guardan y nuevamente enseñan, como lo hiciera los grandes artistas y poetas quién palpando el peligro de la pérdida de las tradiciones rurales, se dedica a buscar a los sabios de las aldeas y veladores del rito, aprendiendo de su arte y ayudándonos a transcribirlas cuando este arte se transmitía principalmente por la tradición de la oralidad que aprendieron de sus abuelos y que sus abuelos aprendieron de sus ancestros. Es así que llega hasta nuestros días la tradición poética del Cantor a lo divino, el artista no solo cumple un rol estético, a su vez es un guardián de lo ancestral y su trabajo es el claro recuerdo del trovador medieval.

Escribo esto para mis camaradas de La Corte. Hermano y Hermana en la búsqueda de la sabiduría Arkhanen, siguiendo el hilo dorado de Ariadne, es la sabiduría alumbrando las tinieblas del laberinto. Vivimos en tiempos complejos, estimados lectores, el ciclo del Kali Yuga arrasa a diario los valores y principios ancestrales, veamos a grandes escalas las estrategias internacionales planeadas por el enemigo. Nosotros ante ello, somos custodios de un baluarte espiritual, mi invitación fraterna es hacia la fortaleza y la templanza, hacia al hacernos duros como un diamante y flexibles en los conocimientos, fuertes y templados como un gran árbol. La sabiduría de nuestra tradición nos conduce a ser ese hombre y mujer integro, un seguir de la virtud y de la lealtad -Meine Ehre heißt- Treue- ¡Nuestro honor se llama lealtad! Y cultivemos en entre cada uno de quienes componemos esta Corte, la religión de la amistad, que ya parece tan perdida. Encendamos la luz de nuestra mente con la llama siempre encendida del Sol siempre victorioso, a pesar de las adversidades y al estar al borde del naufragio, seamos como el héroe atado al mástil y tapemos con cera nuestros oídos para no ser seducidos por la sed de ignorancia y desinformación de los tiempos actuales, y a su vez encendamos la lámpara de otros, protejamos a nuestros familiares, escuchemos a nuestros ancianos, cultivemos el amor a la naturaleza y la belleza, porque de ahí nace lo bueno y el aprendizaje, porque estás siempre aprendiendo, día a día, llenándote de infinito, porque Dios está con nosotros - Gott mit uns, decían los antiguos camaradas ante el poder de Arhag- Seamos buenos hijos de los principios y el orden de ese Uno, todopoderoso y creador de universos, incluyéndonos a nosotros mismos, cultivemos la inteligencia, principio de nuestra espiritualidad y seamos un faro en las oscuridades, y no temamos, cuando obras en bien y sin hacer mal a otros, amigos desconocidos vendrán en tu ayuda. Un saludo y alzo mi diestra, con la cara sol, convocando a la runa Sieg y a la Estrella de la mañana, hasta la victoria siempre.- ¡Salve Victoria! ¡Salve Arhag!

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