ESTUDIOS SOBRE EL ARFANOMIKON

Por Hyranio Garbho

I. El Origen del Libro

Nadie sabe con exactitud de dónde vino este libro. El primer antecedente objetivo que tenemos de él es el Maestro Baldur Agripa. Baldur Agripa enseñó el Arfanomikon a sus discípulos de la Vehm de Nothuräm. Y antes que a ellos lo enseñó a los miembros de la Ordo Thule Finis Terrae. Él contaba que el Libro le había sido enseñado, primero, por su Maestro Gabriel Grenze. Pero que fue gracias al Maestro Barar, algunos años más tarde, que pudo conocer el contenido profundo del Libro. Agripa siempre presentó al Arfanomikon como el libro más misterioso de todos cuántos él había conocido. No sólo por su contenido, que es del todo enigmático, sino, y fundamentalmente, por su origen. El libro simplemente apareció en las vidas de quienes se aplicaron a su estudio. Nadie nunca supo de dónde vino, ni tampoco quién fue su autor. Sus primeros cultores apenas se preocuparon de informar sobre estos asuntos, que hoy podrían parecer relevantes. Lo único que desde antaño se dijo, en particular, fue que el libro narraba, de manera esotérica, y en cinco formas distintas, la historia oculta del genero humano, las medidas sagradas de la naturaleza inscritas en la mente de Dios, y las formas secretas acerca de cómo recuperar los poderes perdidos de los arios, y transfigurar la naturaleza, sojuzgada desde los días del éxodo bíblico por un demonio alienígena. A los primeros estudiosos del libro les preocupó infinitamente más el contenido del mismo que su origen. Por eso, hoy, es difícil, para nosotros, rastrear los orígenes de este libro. Sin embargo, existe una historia secreta sobre el mismo, construida en base a los testimonios de los sabios de la Tradición, que nos permite especular sobre su origen. Esa historia se inicia en el presente, con las enseñanzas del Maestro Baldur Agripa, y va hacia atrás, reconstruyéndose, hasta los tiempos probables en que el libro pudo haber sido escrito. Veamos: Baldur Agripa enseñó el Arfanomikon a sus discípulos de la Vehm de Nothuräm. La Vehm de Nothuräm existió entre los años 1997 y 2006. Entre sus miembros conocidos destacaron Joachim van Dråk, Ivania Uremović e Hyranio Garbho. Agripa les enseñó el libro en base a una copia manuscrita que aun se conserva. Esta copia está escrita enteramente en caracteres rúnicos. Pero no sólo eso. La lengua que allí expone al texto es una lengua del todo desconocida. Ya escribiremos sobre esto. Agripa llamaba a esta lengua “La Lengua de los Atlantes”. Y le había sido enseñada a él por el Maestro Barar, con quien profundizó sus conocimientos sobre el Arfanomikon. Barar había dicho a Agripa que quien quisiera asomarse sólo un poco a las profundidades del Arfanomikon tenía que conocer la lengua en que este libro está escrito. Ninguna interpretación podía reemplazar este sagrado misterio. Ya escribiremos también sobre esto. Así Agripa aprendió la lengua del libro y lo enseñaba teniendo como base el texto escrito en rúnico. Pero la copia de Agripa no era del todo correcta. La misma había sido copiada del manuscrito de Horapulus de Lilia (José Suárez), la que, a su vez, había sido tomada del manuscrito de Barar. Barar trabó amistad con Horapulus en 1984 y le confió su versión del Arfanomikon para que hiciera una copia. Horapulus hizo una fotocopia del manuscrito de Barar y con la misma creó su propia versión manuscrita. Por razones que se desconocen introdujo en ésta algunas modificaciones. Este trabajo fue la base que tomó Agripa para hacer su propio manuscrito. No se sabe, en este sentido, por qué, siendo Agripa un discípulo directo de Barar, no tomó de su copia la base para transcribir su propio documento. Con todo, Barar nombró a Agripa Caballero del Arfanomikon y confió a él su custodia. 

La copia de Barar resulta ya ser otra cosa. Barar creó su manuscrito del Arfanomikon en 1936, basado en la única edición impresa que existe todavía del libro. La misma fue legada al Maestro de Barar por su Maestro Isurk. Y a Isurk le fue confiada, a su vez, también, por su Maestro, el legendario Tarnhari. Es justamente con Tarnhari que se inicia toda la historia conocida del Arfanomikon. Pocos personajes de la literatura esotérica son tan misteriosos como Tarnhari. Las primeras noticias objetivas que registran su paso por el mundo datan de 1911, cuando el misterioso Maestro inició una amistad epistolar con el gran Guido von List. Para esa fecha Tarnhari tenía 38 años. Lejanos parecían aquellos días de finales de 1889, cuando Tarnhari, según consta en sus diarios de juventud, se hizo discípulo del Maestro Urur. El místico y desconocido Guía que Tarnhari enseñaría a su secreto círculo de discípulos era heredero de una Tradición que basaba sus enseñanzas en el Arfanomikon. Una edición impresa de este libro llegó a las manos de Tarnhari en 1898. Tarnhari estudió su contenido secretamente por largos treinta años, sin comunicar a nadie los resultados de su trabajo. Hasta que en 1928 formó un círculo exiguo de discípulos, a quienes dio a conocer las enseñanzas del misterioso libro. Luego, y en circunstancias todavía desconocidas, desapareció del mundo en 1933, como si se lo hubiera tragado la tierra. Eckehard Lenthe, uno de los biógrafos de Von List, indica que, al parecer, aun vivía en 1938. Pero nadie sabe con certeza esto. Entre los discípulos de Tarnhari se hallaba otro no menos misterioso Maestro llamado Isurk. Tras la desaparición de Tarnhari él conservó la única edición impresa que se conserva del Arfanomikon. Por razones que se desconocen la misma llegó a las manos de Margarite Vaal de Marne, quien era discípulo de Isurk. En 1992 este ejemplar pasó de las manos de Vaal de Marne a las manos de la mística francesa Laura Dubois. Una copia digitalizada del mismo ha servido para la versión original que publicamos en esta edición.

Con todo, las grandes dudas con respecto al Arfanomikon todavía persisten. ¿Quién lo escribió? ¿O quienes? ¿Cuándo fue escrito? Y lo más importante, quizá, por qué nadie supo de su existencia hasta el pasado siglo. ¿Por qué ninguna referencia al libro –ninguna, por lo menos, conocida– que date de algún período anterior al siglo XIX? El libro, en gran parte, trata de historias antediluvianas. Y las trata como si sus autores hubieran sido contemporáneos de las mismas. ¿Por qué, entonces, no se supo nada de este libro en la época antigua, por ejemplo? ¿O si se supo? Los sabios que se han aplicado al estudio de este libro han dicho muchísimas cosas sobre el mismo. Se lo ha identificado con el auténtico perdido libro de Thoth. También, con el evangelio no falsificado de Juan, que menciona Otto Rahn, en La Corte de Lucifer. También se ha escrito que se trata del Libro perdido de Bêden, perteneciente a la Tradición del Oera Linda. Y en el último tiempo se lo ha identificado con los documentos destruidos hallados en Derveni. Contribuye a este misterio el hecho que los estudiosos informen que el libro original no ostentaba un título –de hecho, la edición impresa de Tarnhari, en la primera página, lleva escrito a mano, en caracteres rúnicos, un título que parece haberle sido dado por el propio Tarnhari. Allí se lee la expresión “Skjaldajarr” (en Kalatål: Skjaldajarr), lo que vendría a significar, más o menos, “El Canto del Poeta”. En los años setenta el Maestro Grenze intituló la obra como Arfanomikon. Y desde entonces se la conoce así. De este modo, y en la medida que esta obra ha llegado a nosotros sin un título, rastrearla más allá de la época prescrita, resulta muy difícil.

En sus cuadernos o memorias, conservadas por Barar, Tarnhari escribe sólo unas pocas cosas sobre este libro. Él escribe que el libro fue estudiado por la Orden del Aureo, y mucho antes, también, por la O.T.A. Tarnhari agrega que incluso la Armanenschaft habría estudiado del libro. La opinión que Tarnhari inculcó en sus discípulos, y éstos, a su vez, en los suyos, es que la Obra fue escrita originalmente mucho antes de la aparición de la humanidad conocida. Consecuente con las enseñanzas del libro, el Arfanomikon debió ser escrito unos mil o dos mil años después del gran Diluvio, lo que a juzgar con criterios historiográficos vendría a ser unos ocho mil años antes de Cristo. Estas opiniones fueron fuertemente seguidas por todos sus discípulos y los discípulos de sus discípulos. Y entre los cultores de la Ciencia Arkhanen, conocida también como “Kala”, es una opinión común que el origen del libro debe buscarse en una época todavía más lejana que el propio Sumer o el Antiguo Egipto. Sin embargo, hasta el presente, no existe ninguna prueba material al respecto. El origen y los autores del libro continúan siendo un misterio. Y más allá de Tarnhari, no se cuenta con ninguna evidencia que nos permita probar una antigüedad superior a la dicha.

II. El Contenido del Libro

El Arfanomikon ha sido definido por sus cultores como un criptograma, esto es, como una obra bajo cuya superficie se esconden verdades ancestrales sobre la fundación del mundo, el origen de Dios, los hombres y los seres, en general, y el destino último de la raza. Quienes entienden la metafísica de este libro hablan sobre diversos niveles de lectura e interpretación. Existe un primer nivel de comprensión del libro en el que éste cobra la forma de un texto que narra sagas y leyendas al más puro estilo de los poemas épicos del pasado. Ese nivel de lectura es el que de hecho van a encontrar todos quienes se aproximen por primera vez al libro. Por encima de este nivel hallamos un segundo grado de comprensión más complejo y profundo. Aquí ya no es posible leer simplemente. Se precisa de un conocimiento guiado sobre el significado de muchas imágenes esotéricas que se despliegan en el texto. Por ejemplo, cuando se leen expresiones como “Dios transfiguró al Águila Bicéfala” o “El hombre recibe la energía del Cielo”. En el primer caso se trata de un criptograma para hablar sobre “Arhag”, en el segundo, se trata de una cripta para encubrir a la runa Kaun, y, consecuentemente, a la raza aria. Si se lee, por ejemplo, “el Maestro que ascendió a la Montaña vivifica su espíritu” se trata de un criptograma que conjuga, a lo menos, dos arquetipos rúnicos. “Vivificar el Espíritu” (en Kalatål: Ënm nu ënn) es una expresión que invoca a la runa “Thor”. “El Maestro que asciende a la Montaña” (en Kalatål: Bårgjakäl o Urkäl da Bårgjam obt), por su parte, es una expresión en clave para referir a la runa “Ur”. De este modo, la expresión en sí constituye un arqueómetro específico, el de las runas “Thor” y “Ur” (ZU), el que a su vez tiene un valor arquetípico y cuantitativo. En la matemática oculta del Arfanomikon las runas “Thor” y “Ur” (ZU) juntas forman el número 56 y el número 5, este último representativo de la runa “Rit”, que invoca fenómenos relativos a la justicia, el derecho y las leyes. Más profundamente hallamos un tercer nivel de lectura e interpretación. Este corresponde ya a los Sabios. La clave maestra de este nivel viene dada por la lectura esotérica del Segundo Libro del Arfanomikon llamado “Ergonja Hal”. Los sabios plantean que en este libro vienen dadas las claves para descifrar el esoterismo de todo el libro. El Ergonja Hal revela un mapa o plano de la realidad, identificado por los sabios con la mente de Dios, que permite desencriptar todos los arqueómetros del libro. Este mapa ha sido llamado por los sabios como el “Tablero Espitual”. De él se dice que contiene todo cuánto ha sido, es y será. Si algo tiene realidad, en este mundo, o en el otro, si algo existe verdaderamente, existe porque está contenido en el Tablero Espiritual, fundamento metafísico de toda la filosofía arkhanen. Por encima de este tercer nivel de Lectura, los sabios enseñan que hay otros dos niveles más. Pero éstos son inaccesibles para los mortales cualquiera. Ellos están consagrados, el uno, a la inteligencia de los Superiores Desconocidos; el otro, a Dios.

Desde un punto de vista exotérico y común, relativo al nivel más básico y elemental de lectura, el Arfanomikon se divide en 5 grandes libros. Estos son: El Erägkal, El Ergonja Hal, El Talgar, El Gammanar o Nurehwar y el Hämkal. El primero y el cuarto Libro contiene la mitología arkhanen, narrada desde la llegada de los Dioses hasta la caída de la Tercera Luna, el Diluvio, y la guerra final conocida como Ragnarok. El libro cuenta cómo los Dioses, llamados aquí Assa, modelaron la tierra y crearon tanto al hombre como a la bestia. El pecado racial cometido por la creatura de los dioses, al mezclarse con las bestias, determina la degeneración de la raza, la pérdida de los poderes ancestrales y la caída en la Materia. Una guerra enfrenta a las creaturas de los dioses: por un lado, quienes se han mezclado con las bestias, por el otro, quienes pugnan por conservar la pureza racial. De entre estos últimos surge un héroe, llamado Akni Kain, quien reivindica a la raza y vence a los concupiscentes. De su estirpe surgen nobles guerreros que conservan la Tradición y forjan un imperio que imita la grandeza de los Dioses. Se trata de la guerrera Ljnia Wahjana y de Sigtyr. Este último forjador del Gran Imperio de Thule. Thule es identificado en el Arfanomikon con la Atlántida. En los días de Thule la raza recuperó muchos de sus poderes perdidos y vivió una auténtica edad de Oro. Pero este asalto al cielo se vio ofuscado por un crimen, de connotación esotérica, que marcó la caída de la Gran Edad. Tras esos hechos vinieron el Ragnarok, el eclipse de los dioses, y el gran diluvio. La humanidad que surgió tras el diluvio vino a ser una humanidad maltrecha y decadente, cuyo proceso de degeneración se agrava conforme pasa el tiempo y los siglos. Así llegamos al “hombrecito” de los Tiempos modernos, a la figura de un ser que tiene, en muchos casos, más de la bestia que de los dioses. Existe, sin embargo, una regeneración para el genero humano, prescrita en el canto titulado “Nubjawar”. Allí se habla que, en los días postreros, cuando la involución del hombre alcance niveles irrecuperables, vendrá un héroe a acabar con la decadencia de la abominación. Ese héroe tendrá por nombre el de Arhag. Aunque su nombre secreto es todavía mucho más interesante. Arhag redimirá la raza y cortará las cabezas de los abominables (los seres sin etion). Esta es la gran profecía del Arfanomikon.

El segundo Libro del Arfanomikon, el Ergonja Hal, escrito enteramente en forma esotérica y criptográfica, contiene las claves ocultas para descifrar el libro entero. Hasta 1968, se sabe, esas claves permanecieron completamente desconocidas para los Maestros actuales de la Tradición. Se supone que el único quien logró descifrarlas fue Tarnhari, con la ayuda de su Maestro Urur, en el otro plano. Pero Tarnhari, quien consideraba como una labor personal la traducción de los arquómetros del libro, no se cuidó de entregar estas enseñanzas, por lo que sus discípulos nunca fueron más allá de los dos primeros niveles de lectura. En 1968, gracias al concurso de un Rito Paralelo, cuyo informe viene documentado en el libro Codex Arul, se logró descifrar el contenido secreto del segundo, el tercero y el quinto libro del Arfanomikon, en un nivel correspondiente al tercer grado de interpretación. De allí se extrajo el conocimiento que el Ergonja Hal trataba de las claves generales para desencriptar el Arfanomikon y que los dos libros del Talgar trataban, el uno, de la forma cómo recuperar los poderes perdidos de los arios, y el otro, de las Melodías enseñadas por Arfa para operar diversos conjuros, entre los que destacan conjuros para deshacer hechizos, purificar la sangre, resucitar a los muertos, contactar espíritus, inducir el viaje astral, producir la salud, enlazar, enamorar, abatir las resistencias del amante, despertar la memoria de la sangre, auspiciar la victoria, etc. De Igual forma, el último libro del Arfanomikon, quizá el más hermético de todos, llamado precisamente Hämkal (Hämkal, en Kalatål, quiere decir, Doctrina Secreta) trata de arqueómetros para abrir portales hacia los reinos temporales, espaciales, e incluso hacia el país de los muertos, arqueómetros para producir energías milagrosas y desconocidas, como la energía implosiva, la energía anti–gravitacional, la energía expansiva, la energía vorticial, la energía etiónica y otras; arqueómetros para transitar las rutas sagradas de consagración, unidas al organismo de la Tierra; arqueómetros para purificar la sangre y, por último, arqueómetros para producir las armas milagrosas, entre las que se encuentran instrucciones precisas para construir platillos volantes.

III. Traducción del Libro

Llegamos a un punto extremadamente complejo de este Estudio Preliminar. El proceso de traducción del Arfanomikon fue quizá el desafío más importante que enfrentamos como editores del libro. Este no hubiera sido posible si no se contara con una versión del texto en alemán. La versión alemana del texto, inédita hasta el presente, corresponde a una traducción realizada en 1936 –y corregida en 1984– por el Maestro Barar. La traducción castellana del libro se hizo, en principio, basada en la versión alemana. Pero en 2012, cuando se planteó por primera vez la posibilidad objetiva de publicar el libro, la necesidad de contrastar la versión alemana, con el original, se tornó extremadamente necesaria. De esa experiencia, que ha tomado ocho años al Traductor, se han sacado variadas enseñanzas sobre la versión alemana y sobre la lengua en que está escrito originalmente el Arfanomikon. Sobre todas estas cuestiones cabe decir algunas palabras. Primero, es importante escribir sobre las diferencias entre las tres versiones: la original, la alemana y la castellana. La versión alemana se diferencia de la versión castellana en el espíritu literario que distingue a esta última. Al traductor castellano del Arfanomikon le ha importado mucho presentar una versión estética del libro, en el que la prosa y la belleza literaria destacan como elementos de primer orden. La versión alemana, en cambio, se concentra mejor en el contenido, relegando los aspectos estilísticos a un segundo plano. No obstante, esto, la versión castellana sigue a la versión alemana en ciertas licencias interpretativas tomadas por Barar (el traductor al alemán) para contextualizar una obra, sin cuyo contexto, valga la redundancia, se haría imposible comprender. Así, en muchos pasajes donde se refieren lugares o personajes respectivos, el traductor alemán, y consecuentemente el traductor castellano que se basa en él, agregan información que no está propiamente tal en el texto original, pero que es necesaria para comprender el contexto que se narra. Por ejemplo, donde el texto original simplemente dice “El primero en llegar fue Nanzar, desde Enja”, los traductores agregan la palabra “lejana” para contextualizar la narración y de este modo el texto se traduce “El primero en llegar fue Nanzar, desde la lejana región de Enja”. Ello, porque en el Arfanomikon se despliega una configuración de la tierra del todo distinta a la conocida por nosotros. Los lugares que en el libro se mencionan, las tierras a las que se hace referencia, son completamente desconocidas por los hombres del presente, y en muchos casos esta contextualización colabora con la comprensión del texto. Otros ejemplos están referidos al uso de adjetivos calificativos para personajes o instancias. Por ejemplo, donde el texto original menciona el nombre de algún rey vanja de un modo simple o sencillo, los traductores agregan palabras como “tirano” o “despota” que permite identificar el punto de vista de los autores del libro, cuando se trata de personajes que nos son del todo desconocido. También se agregan, a veces, información sobre determinados roles de los personajes que se mencionan en el libro. Por ejemplo, en un texto donde el original dice simplemente “Vål acompañó entonces a Sigur”, los traductores introducen información adicional que nos permite saber quién es esta Vål de la que se habla. Así, un pasaje como el anterior se traduce “Vål, reina de Marne, acompañó entonces a Sigur”. Todas estas licencias tomadas por el traductor del libro al alemán, y seguidas por la versión castellana, tienen su explicación en el hecho de que, en su origen, tanto la versión alemana como la versión castellana estaban pensadas no para la publicación del libro, sino que, para una difusión restringida del mismo, entre quienes cultivaban su sabiduría.

En el mismo orden de ideas cabe mencionar que muchos pasajes que en el texto original son presentados como un listado de eventos o personajes, para describir situaciones y hechos, la traducción castellana ha privilegiado presentar los mismos bajo la forma de una redacción, a objeto de custodiar la belleza literaria del libro. Los casos donde con mayor frecuencia tiene lugar este fenómeno se dan en el primero y en el cuarto libro.  También en estos mismos libros se observan diferencias sustanciales en el Kalatål usado. Así, por ejemplo, los pronombres posesivos que en el Erägkal declinan según el sustantivo que acompañan, en la mayoría de los textos del Gammanar no declinan. Hay también diferencias en la forma de los pronombres personales. Por ejemplo, las palabras para los pronombres plurales “nosotros”, “vosotros”, “ellos”, que en el último libro aparecen como “narag”, “narzÿ” y “narhÿ”, en el resto del Arfanomikon se escriben respectivamente como “galag”, “galdÿ” y “galhÿ”. Hay también notables observaciones sobre la gramática, las cuáles plantearon un desafío considerable a la traducción. Por ejemplo: en muchas situaciones, donde nuestros casos gramaticales habrían exigido el uso de un “acusativo”, por causa de una preposición específica, el Kalatål sorprendía usando el “dativo”. Eso es, en todo caso, comprensible, dado el hecho que cada lengua se auto-configura teniendo en cuenta su propio sistema de límites, y no los de otras lenguas. Pero desde la costumbre que nos impone el trabajo con las lenguas modernas esas diferencias, al inicio, nos plantearon un gran desafío. 

IIII. La Lengua del Arfanomikon

Si el Arfanomikon es un libro misterioso lo es todavía más la lengua en que está escrito. La misma ha sido denominada de muchas formas. Agripa y Barar le llamaban la Lengua de la Atlántida. Grenze fue más lejos diciendo que se trataba de la Lengua de Dios. En el presente nosotros privilegiamos llamarle “Kalatål”, lo que puede traducirse como la “Lengua de la Sabiduría”. El Kalatål es una lengua extremadamente difícil y dinámica. Su mayor dificultad viene determinada por el hecho que nadie, en el presente, la habla. Pero a ello se agregan otras dificultades mayores. Por ejemplo, el Kalatål carece de preposiciones. La función de estas es asumida por las declinaciones. Por eso el Kalatål tiene tantos casos gramaticales. Pero resulta que algunos casos asumen muchas funciones diversas. Por ejemplo, en kalatål, el dativo expresa tanto “opinión”, como “finalidad”, como “procedencia”, además de ser el caso exclusivo del objeto indirecto. Así, una palabra declinada en dativo que no es objeto indirecto, podría indicar cualquiera de estas funciones, siendo el contexto lo que lleva a declinarnos por una y no por otra. Pero hay situaciones en que ni siquiera el contexto nos aclara esto. Por ejemplo, la palabra “Kälav”, declinada en dativo, podría significar tanto “según los sabios”, como “para los sabios”; o “desde los sabios”. Otro aspecto complicado es la construcción del tiempo perfecto, la cual no existe propiamente tal en Kalatål, aunque el uso del participio pasivo se hace muy frecuente en oraciones cuya traducción literal al castellano se torna engorrosa. 

Para mayor abundancia de estas complicaciones cabe citar aquí el abusivo uso que el Kalatål del Arfanomikon hace de los “plurales de significación”, cuya dilucidación sólo puede pesquisarse atendiendo a la persona de la conjugación del verbo. Esto es muy importante y tiene variadas aristas. Por ejemplo, la palabra en Kalatål para decir Rey es “Kug”. El plural de “Kug” es “Kuga” o “Kugja”. También el artículo, muy ocasionalmente, puede determinar el plural. Así “E Kug” también puede interpretarse como “los reyes”. Pero la forma más extendida para el plural de “Kug” es “Kugja”. Sin embargo, “Kugja”, según el contexto y la función gramatical, puede ser un “plural” que significa a un “singular”. Ese contexto, en este caso, vendría definido si acaso el rey, en cuestión, es un gran Rey, o un Rey común y corriente. Si es un gran Rey, entonces el Kalatål usa el “plural de significación” para expresarlo. Ejemplo: “El Rey fue al sur”. En kalatål: “Kug wedjam gënt”. Ahora la misma oración en plural “Los Reyes fueron al sur”, en kalatål, “Kugja wedjam gënnt”. Como bien puede observarse el verbo “gënt” se conjuga en plural en la segunda oración agregando una “n”, “gënnt”. Pero ¿qué sucede si la frase dice “Kugja wedjam gënt”, con el verbo “gënt” conjugado en singular? En tal caso la palabra “Kugja”, viene escrita en plural, porque se trata de enfatizar la grandeza de este rey, en comparación con otros.

Más complicado todavía que esto resulta la fórmula que el kalatål usa para formar palabras compuestas. Las mismas se dan de manera similar con los adjetivos atributivos y con el caso de los genitivos. Ejemplo: una expresión como “el héroe bueno” puede escribirse en kalatål de varias formas distintas. Algunas de ellas son “kuta Hër” y “Kutjahër”, pero también, y dependiendo del énfasis que a la expresión quiera dársele, esto puede decirse así: “Kuthërja”. Algo similar sucede con los genitivos. “La tierra del Héroe” puede decirse tanto “Hërs Lan” como “Hërjalan” o “Hërlanja”. En todos estos casos, lo que marca o define al complemento del nombre, o al adjetivo atributo, es la posición inicial que ocupa en la expresión. Así, en el primer ejemplo, la palabra “kut” (bueno) siempre va al inicio de la palabra compuesta; lo que sucede también, en el segundo ejemplo, con la palabra “hër” (héroe). En ocasiones, ciertas palabras pierden su última letra, o modifican su última silaba, por razones que nos son por completo desconocidas. Por ejemplo: la palabra “Destino”, en Kalatål “Garma”, en ciertas expresiones compuestas, como “El destino de los hombres” (Ramjagarm) puede perder la última letra, la “a”, y escriturarse simplemente como “Garm”. O, en otras expresiones, como “el sendero del destino” (Garmjawek) pueden modificar su declinación interponiendo una “j” (j), antes de la “a” final, como en “Garmja”. La misma expresión “Garmjawek” podría traducirse como “los senderos del Destino”, interpretando en plural (senderos) lo que en kalatål se dice en singular (Wek -y no Weka o Wekja), si acaso el verbo viniera conjugado en plural. Así “Garmjawek hämlih vart” se traduce como “el sendero del Destino es enigmático” y “Garmjawek hämlih varnt” como “los senderos del destino son enigmáticos”. En uno y otro caso, el pural de “Garmja” correspondería a un “plural de Sentido”. 

V. Significado oculto del Libro

Más allá de la sabiduría contenida en el Arfanomikon, que de por sí es vasta, los sabios del paralelo le atribuyeron al libro un significado oculto vinculado con su Poder. Estas ideas, aunque fueron formalizadas en el Paralelo de Agnes, ya eran moneda corriente entre los cultores del Arfanomikon. Barar escribe sobre ello en 1936 y le atribuye a Isurk esta enseñanza específica. Concretamente, el poder que se le atribuye al libro, está relacionado con el contenido esotérico del Yrmjonwar, el libro donde se explica el Sueño de Armin. Según esta narración la tierra yace martirizada por un demonio alienígena desde los días del éxodo bíblico. Todo mal y decadencia para la humanidad arranca de allí. Los súbditos de este demonio dominan el mundo. Pero llegará el día en que la tierra sea redimida por Arhag. Conforme las enseñanzas del Paralelo el Arfanomikon posee el poder con el que Arhag purgará la tierra. Ese poder se haya encriptado en las fórmulas mántricas, sonoras, del Libro, el que leído en su lengua original tiene el Poder para obrar en consecuencia. Pero no es el único poder que ostenta el Arfanomikon. Conjuntamente con éste, el Libro despliega una serie de poderes menores, vinculados con la salud, la transmutación de los elementos, la producción de energías desconocidas, la telequinesis, la telepatía, la clarividencia, el poder oracular, el contacto con los muertos, el contacto con los guías desconocidos, la experiencia astral, etc. Todos los cuales se alcanzan del mismo modo, mediante el canto y la recitación, en kalatål, de pasajes específicos del Arfanomikon, los cuales han sido escritos así, justamente, para producir ese Poder. No obstante, lo anterior, los Sabios del Paralelo también señalan que existen dos condiciones para que los mantras del Arfanomikon obren sus poderes. La primera de ellas es que el operador de los mantras haya combatido según las reglas. Esto significa que se trate de un auténtico iniciado, que haya superado las tres vías que prescribe la Iniciación de la Aria Aurea Catena. La segunda condición es que los mantras deben operarse al interior de Arqueómetros debidamente construidos.

Estas opiniones sobre el Arfanomikon y sus poderes ocultos, extraídas del informe Paralelo, una parte del cual (la exotérica) fue publicada bajo el título de Codex Arul, constituyen parte de la mitología que se ha ido creando en torno del Arfanomikon, desde los años sesenta hasta esta parte. Nadie sabe si efectivamente estas opiniones tienen algún respaldo en la realidad, o en la evidencia empírica. Pues, hasta el presente, en lo que a nosotros concierne, como editores, ninguna experiencia concreta nos ha sido reportada. Con la excepción del “Aynolibab” y del “Paralelo de Kassel” llevados a cabo, el primero, en diciembre de 1994, y el segundo, entre noviembre y diciembre de 1968. Sobre el primero se ha escrito un pequeño libro, hasta el presente inédito, que informa sobre la efectividad de los mantras del Arfanomikon. Sobre el segundo, quedó establecido, en el informe respectivo, que se llevó a cabo enteramente basados en la operatividad de estos mantras. Uno y otro documento vienen precedidos por la firma testimoniada de los operadores directos de estas experiencias. Pero fuera de ello, y fuera de este círculo, no se conoce ninguna experiencia en que se haya intentado operar con los mantras del Arfanomikon.

En lo que a nuestra opinión respecta, más allá de los poderes que el Informe Paralelo le atribuye al Arfanomikon, el libro tiene en sí un valor sin precedentes en la historia de la Sabiduría. Esto es, vale por lo que en él se enseña, de manera abierta y de manera críptica, más allá de los poderes que sus mantras pudieran despertar. Ese es el auténtico valor que nosotros, en cuanto editores del libro, le atribuimos al Arfanomikon. Y es la razón final por la que hoy lo presentamos al público. En la clausura de estas palabras no nos queda más que agradecer a todos quienes contribuyeron con la publicación de este libro. Y esperar que sea de provecho espiritual para el público que lo lea.

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