EDITORIAL

Si tenemos las variables, conoceremos la ecuación.

La campaña presidencial en Estados Unidos ha empezado algunas semanas atrás con la ola de protestas en contra de Trump. Sin duda esta será una campaña violenta en la historia de uno de los países más poderosos del mundo. Desvincular las sistemáticas protestas que abanderan el asesinato de George Floyd de la carrera hacia el sillón presidencial sería un error. Más todavía cuando según las encuestas difundidas por CNBC y Change Research mostraron que la intención de voto dejaba en seria desventaja a Joe Biden con un 46,8%, frente a un 47,5% de su contendor. 

Si bien es cierto el gobierno de Trump, no es uno de los mejores, tiene muchos aciertos, principalmente, en materia económica, situación bastante compleja de soslayar a la luz de las evidencias: subió la variación del PBI de 1,6% a 2,4%, en el 2017, llegando a su cifra más alta al año siguiente, 2,9%. A pesar de la perniciosa falta de información de la población, estos datos y su correspondencia con el incremento del percápita, serían un óbice en el convencimiento a los votantes de una mala gestión en términos económicos. Por ello, el incidente con Floyd, les dio la oportunidad a los demócratas de iniciar la campaña con un colectivo multitudinario a un menor costo y gran beneficio. En todas las sociedades del mundo, la idea de igualdad mueve masas, irracionalmente, sí; pero, al fin y al cabo, las movilizan y este resultado, como estrategia subversiva, importa. 

Los demócratas han aprovechado muy bien esta situación. Tanto que los manifestantes dirigieron sus furibundas miradas contra el máximo representante del gobierno, sin ninguna reflexión previa, por supuesto. En una entrevista para el periodista Charlemagne, cuando ponía en tela de juicio la finalidad política de la participación del Partido Demócrata en la ola de protestas, Joe Biden le espetó al entrevistador: «si tienes un problema para saber si estás conmigo o con Trump, entonces no eres negro». De esta manera, el político norteamericano subrayaba la preferencia colectivista de un sector racial y una endilgada lealtad grupal que disipa cualquier esfuerzo por asumir un criterio individual. 

Por ejemplo, en varias declaraciones, el mismo candidato manifestó abiertamente una posición severa a favor de la segregación racial, su ley de penalización de delitos sin víctimas e incluso criminalización de infracciones ha servido de ancla para el estropicio de las libertades individuales de la población afroamericana que representa el 12,1 % de la población total de Estados Unidos. En este contexto, durante el 2016, el 78,5 % del total de los condenados a cadena perpetua pertenecía a dicho grupo étnico, todo ello, debido “a la legislación creada en 1994 por Biden durante la Presidencia de Bill Clinton, también demócrata”, según afirma Mamela Fiallo. Por último, cabe recordar que fue en el seno del Partido Demócrata donde se originó el Ku Klux Klan en contraposición a las reformas implementadas por Partido Republicano, el cual, fuera fundado con la participación de esclavos liberados como Frederick Douglas, según precisa History.com.

Así pues, la temprana y altisonante campaña presidencial en el país del norte resulta un escenario surrealista cuando el candidato presidencial Biden anuncia importantes donaciones para pagos de fianzas de los detenidos durante las protestas en la ciudad de Minneapolis, donde fue tomada la famosa fotografía que muestra el exacto momento en que el rostro de Floyd se constriñe bajo la rodilla de un oficial de la policía, donde se desataron las más violentas protestas “legitimando” una visión distorsionada de la realidad, donde todo criterio individual, a como resultado de la manipulación demócrata, ha sido proscrito y, como epílogo, donde su Jefe de la Policía, Medaria Arradondo es afrodescendiente. Si tenemos las variables, conoceremos la ecuación. 

Sin embargo, a pesar de los hechos presentados, tampoco significa que del otro lado, los republicanos, ocupen el punto exacto del justo medio aristotélico ni mucho menos.  Son parte de lo mismo. Operan bajo la misma consigna: construir un nuevo orden mundial. Y ya lo vienen haciendo desde hace mucho. Un sionismo que trabaja malévolamente desde el anonimato, pero que poco a poco se viene develando de manera inescrupulosa. Una dialéctica monstruosa donde millones de distraídos creyentes son manipulados a su antojo con ideas revolucionarias que abrazan apasionadamente, en tanto, el plan sigue indefectiblemente su cometido: una dominación absoluta. 

Pues bien, nos resta despertar del tedio de esa dinámica engañosa, intentar ver con claridad los acontecimientos. Entender, por ejemplo, que la falsa hipocresía instalada en el mundo obnubila constantemente nuestra capacidad de discernimiento, nuestra libertad de tomar una posición coherente con nuestra autonomía. Izquierda y Derecha siempre han sido parte de lo mismo: en plena guerra fría, los representantes de gobiernos en disputa se reunían para organizar estrategias de socavamiento de las libertades individuales. La banca, el comercio internacional, los organismos supranacionales son prioridad en la agenda desplazando auténticas necesidades: salud, educación y bienestar social. Capitalismo y Socialismo parten de una visión parcializada del hombre: economic hominem. Una visión del hombre postergado a urgencias económicas, donde por un lado se atiene a las leyes del libre mercado y, por otro, a un soporte material que lo define. Somos más que cifras y materia, sin lugar a dudas. 

En esa dialéctica nos encontramos al medio, yendo de un lado a otro, observando solo hechos asilados, indefensos, sin poder relacionarlos. Partiendo de videos o fotografías donde se significa un hecho de abuso de autoridad o de una reclusión social ante el miedo de la propagación de un virus desconocido, creyéndolas causas cuando en realidad son consecuencias del accionar desmedido de ambos sectores en cuyos propósitos nos hallamos nosotros como felices esclavos con ínfulas de libertad. “Marcha hoy de vuestra parte el bien ardiendo y a dos pasos, a uno, la dirección del agua que corre a ver su límite antes que arda”.   

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